viernes 27 de febrero de 2009

El piso

El piso es algo contra lo que debemos pelear.
Aunque sea en apariencia una mera plataforma para la posición
humana, es también el lugar de su caída.
No estoy mareado. Estoy erguido como una torre, un faro;
un rayo pálido de sensibilidad emana desde mi rostro.

Pero debería marearme y derrumbarme;
Mi cara en el piso, mi firmeza sangrando por las grietas del suelo.

Querido lugar horizontal, yo no tengo el deseo de ser una alfombra.
No tires de la complicada cabeza, esa tambaleante bombilla de temor y sueño. . .



Russell Edson

sábado 17 de enero de 2009

Pérdidas


No fue el morir: todos mueren.
No fue el morir: ya habiamos muerto antes
en los accidentes rutinarios — y nuestros comandantes
llamaron a la prensa, escribieron a nuestras casas,
y aumentó la estadística, todo por causa de nosotros.
Morimos en una página de almanaque que no era la nuestra.
Desparramados sobre montañas a cincuenta millas una de otra,
cayendo de cabeza en un pajar, peleando con un amigo,
nos encendimos en las líneas que nunca vimos.
Morimos como tías o perritos o extranjeros.
(Cuando dejamos la escuela sólo estos habian muerto
para nosotros, y comprendimos que estabamos asi.)

En nuestros aviones, con nuevas tripulaciones, bombardeamos
los blancos del desierto o de la costa,
disparamos sobre los objetivos espiados, esperamos a ver qué tantos
nos apuntamos, y pasamos a la repuesta, y despertamos
una mañana, sobre Inglaterra, en operaciones.
No fue diferente; pero si morimos
no fue por accidente, sino por error
(pero un error muy facil de cometer).
Leíamos nuestras cartas y contábamos nuestros vuelos
—En bombarderos con nombres de muchachas, incendiábamos
las ciudades que aprendimos en la escuela—
Hasta que se nos acabó la vida. Nuestros cuerpos quedaron
con los de un pueblo que matamos sin conocerlo.
Cuando duramos lo suficiente nos dieron medallas;
cuando morimos dijeron: "Nuestras bajas fueron pocas."
Dijeron: "Aquí estan los mapas"; quemamos las ciudades.
No fue el morir— no el tener que morir;
pero la noche que morí soñé que estaba muerto,
y las ciudades me dijeron: "¿Por qué estás muriendo?
Estamos contentas porque lo estás; pero ¿por qué morí yo?


Randall Jarrell

domingo 17 de agosto de 2008

Ovillo


El Pedalternorotandomovens centroculatus articulosus se originó (¡generatio spontanea!) a partir de la insatisfacción por la carencia en la naturaleza de criaturas vivientes con forma de rueda, capaces de moverse hacia delante rodando. El animalito que se representa aquí, conocido popularmente como «wentelteefje» o «rolpens», está intentando satisfacer una necesidad arraigada profundamente. Sus particularidades biológicas no se ven aún: ¿es un mamífero, un reptil o un insecto? Tiene un cuerpo formado por uniones alargadas queratinizadas y tres pares de patas cuyas extremidades muestran un parecido con el pie humano. En el centro de la cabeza redonda y gruesa, provista de un pico de loro muy curvado, están los ojos bulbosos, situados en pedúnculos, que sobresalen mucho a ambos lados de la cabeza. En posición extendida, el animal es capaz de avanzar lenta y cuidadosamente por medio de sus seis patas a través de cualquier substrato (es posible que pueda subir o bajar escaleras empinadas, pueda penetrar en la maleza o trepar por las rocas). Sin embargo, tan pronto como tiene que cubrir una gran distancia y dispone de un camino bastante llano, presiona su cabeza contra el suelo y se hace un ovillo con la rapidez del relámpago, mientras se impulsa con sus patas mientras éstas siguen tocando todavía el suelo. En la configuración de ovillo, parece un disco cuyo eje central está formado por los pedúnculos oculares. Impulsándose alternativamente con uno de sus tres pares de patas, puede alcanzar una gran velocidad. Cuando lo considera conveniente, también retrae sus patas mientras rueda (por ejemplo, para descender una pendiente o reducir su velocidad) y continúa en «punto muerto». Si existe un motivo para hacerlo, puede regresar de nuevo a la posición andante de dos modos: abruptamente primero, estirando de repente su cuerpo, aunque se quedará entonces sobre la espalda con las patas al aire y, en segundo lugar, reduciendo de forma gradual la velocidad (frenando con sus patas) y desovillándose poco a poco hasta llegar a una posición estacionaria.


(Traducción del texto)

M. C. Escher

domingo 29 de junio de 2008

NO DEBERÍA ALEJARME


Los patines con alas
en el polerón Playboy
que lleva mi padre
en una foto
sacada el año 1982
parecieran
resaltar en la imagen.

Mi padre
contemplando el horizonte
inalterable como ahora
que ve un partido de fútbol
en el canal 7
mientras lo observo
sentado en el sillón.

Y de pronto
voltea hacia mí
y ahora soy el observado.

Nos miramos
nos dejamos de mirar.

Y vuelvo a la foto
donde también aparezco
a su lado de la mano
sintiendo
que no debería alejarme.


Raúl Hernández

domingo 25 de mayo de 2008

Un vaso de vino entre las flores:
bebo solo, sin amigo que me acompañe.
Levanto el vaso e invito a la luna:
con ella y con mi sombra seremos tres.
Aunque la luna no acostumbra beber vino,
y mi perezosa sombra sólo sabe seguirme.
Festejemos, con mi luna amiga y mi sombra esclava,
mientras aún es primavera.
En las canciones que entono vibran rayos lunares;
en la danza que ensayo mi sombra se aferra y deshace.
Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;
ahora, ebrios, cada cual por su lado.
¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro extraño festín inanimado,
para encontrarnos al fin en el Río de las Nubes!


Li Po
XXXI

Los sombreros me causan la sensación de cabezas cortadas y
momificadas, y aquellos de los cuales cuelgan bridas de colores, se me
antojan cabezas arrancadas por mano brutal, donde ha quedado
adherida una vena sanguinolienta.
Nunca puedo ver un par de guantes sin imaginar que son piel
de manos disecadas y, en aquellos de color amarillo, encuentro algo
repugnante de lo que empieza a pudrirse.
Detesto las prendas de vestir olvidadas sobre la cama; hay
entre ellos y los muertos mucha analogía.
Vi una vez en un asilo a una loca muerta; y era lo mismo que
ver a un trapo violáceo tirado dentro de ataud!

Teresa Wilms Montt

viernes 16 de mayo de 2008

EJERCICIO N° 13

Si estiras las cervicales, del pecho puede que salgan palabras
de tu garganta puede que la saliva salga de la vida
y la espuma no se resuelva sino que aflore en movimiento
que a estas alturas no hay alturas sino excavaciones profundas
fosa común de la propiedad privada. Y puede que el cuerpo
y que la mente y así hacemos del ejercicio de estirar
los brazos por las mañanas una bendición
de principiante que está a punto de alcanzar la belleza
la sublime sensación de hallarse cara a cara
con la madre del cordero.

La madre del cordero es escupir el ataúd del tirano,
la madre del cordero es el ataúd que escupe la tierra,
la garganta de la tierra carraspea su astilla,
los ojos azules semi abiertos de un hinchado rostro
Y el vidrio saliva vida frente a la muerte,

rotunda es la acción del que sortea los guardias del templo
militar y piensa en su abuelo
y maldice escupiendo su pena
que ha rodado y rondado por una suma no menor de años
que estallan de la ternura al zapato despedazado al medio de la calle.

Escenificamos las vértebras de la explosión,
los discos de una columna vertebral que fue desviada
hasta ser un montón de escombros a las puertas de una historia mal parida.

He ahí una idea fija: rectificar el árbol torcido de los años
ponerle un palito y amarrarlo hasta que se eleve por encima del jardín
y tengamos una vista panorámica.
Aunque el paisaje se llene de grúas y bulldozers.
Respirar
más allá de los alambres de púas de la mente
más allá de las bombas personales y antipersonales
más allá de los merecidos pesares o de lo pesado del aire
pasar a la otra página para escribir desafectadamente
las porciones vitales donde - basta de eufemismos-
no caminará el hombre libre y victorioso.

¿Quién escribe o describe lo que a todas luces falta y sobra?

Enlazo con tinta estos huesos que sobresalen del jardín.

Lo mal parido ocurre y transcurre
al encender una vela en medio de la noche.

-Un zapato despedazado en la calle humea en silencio-


David Bustos